El camino desde Marrakech al Valle del Dades es largo.
Haciendo paradas unas 8 horas. Tanto tiempo en carretera no es un problema ya
que parte del encanto de esta ruta es el viaje en sí, no sólo los viajes
visitados.
Salir de Marrakech supone ver los complejos de lujo y los
campos de golf, un gran contraste con la urbe en sí. Pronto empiezan las
interminables curvas hasta ascender, y luego descender, el puerto de Tich Ka.
Puerto de Tich Ka
El puerto de Tich Ka es un paso obligado para cruzar el macizo del Alto Atlas. Tiene 2260 metros de altura y
en su cima sólo se encuentra una puerta indicando el nombre y la altitud y unas
cuantas tiendas. La carretera es mala y con mucho tráfico, pero las vistas
merecen la pena para detenerse un par de veces y observar los desniveles y el
paisaje de piedra casi negra.
El paisaje ya empieza a cambiar desde los primeros kilómetros. La
tierra va cambiando de color, del marrón pasa al negro, para luego ser gris,
roja y amarilla. Igual que el color también cambia la orografía. Llegamos a la
zona donde se cultiva y trabaja el argán. Fruta seco autóctono de esta zona y
con el que se hacen los famosos aceites. Diferentes tipos de montañas se van
alternando en le paisaje. La nota común es la tierra y la roca yerma, salpicada
de hebras de verde intenso en cada valle y de viviendas de bloques rojos (por
ley) o de adobe. Un contraste precioso y sorprendente. Pasado el puerto se coge un desvío hacia Ait Ben Haddou.
Kasbah de Ait Ben Haddou
En Ait Ben Haddou encontramos la Kasbah más impresionante de
Marruecos. Es la más grande y mejor conservada. Está declarada Patrimonio de la Humanidad y en ella se
han rodado varias películas como "Gladiator", "Lawrence de Arabia", "Asterix y Obelix"... Es el mayor monumento que se va a encontrar en todo el viaje. A parte de la belleza
que posee el monumento en sí, su mayor encanto radica en su ubicación. Según
llegas al pueblo y subes a lo alto de una loma ya la ves ubicada en un marco
incomparable fuera de la población. El acceso a través de una calle empedrada y
"peatonal" y el acceso cruzando una explanada de piedras surcada por
un riachuelo le dan ese toque de viajar al pasado que hace del sitio un lugar
único. Tanto la calle de acceso como el interior de la Kasbah están llenos de
tiendas de regalos para los turistas, pero no hacen que pierda su encanto. En el pueblo hay varios
restaurantes con precios de turista (8-10€) y vistas a la kasbah.
De regreso a la carretera principal el próximo destino es
Ouarzazate. Una ciudad grande y bastante evolucionada. Su paseo central
totalmente iluminado y sus fuentes y rotondas, parecen fuera de lugar y
sorprenden por el contraste con todo lo visto hasta ahora. En esta ciudad
destacar los dos estudios de cine que tiene, donde se pueden visitar sus
decorados y espectáculos. En la parte sur de la ciudad se encuentra un gran
embalse que es muy bonito por estar rodeado de paisaje yermo.
A partir de Ouarzazate comienza el desierto en sí. Ya sólo
vamos a encontrar pueblos más o menos grandes con el denominador común de ver
mucha gente por la calle. Son poblaciones llenas de vida, vida que se hace en
la calle principalmente. Y entre pueblo y pueblo, multitud de niños pequeños
que caminan por la carretera de camino a la escuela, burros y burros cargados
hasta los topes y mujeres con fardos de leña y alfalfa más grandes que ellas,
siempre ataviadas en coloridos burcas. En cuanto son un poco grandes, Skoura y
Kelaat N'Gouna, el bullicio de mercados, bicicletas y motos es impresionante.
En Kelaat N'Gouna se coge el desvío hacia el valle de Rosas
en la confluencia con el valle del Dades. Recorremos unos de los tramos más
sorprendentes a nivel social. Más de 45 km de carretera circulando continuamente
entre casas. Los pueblos se van sucediendo a los márgenes de la carretera. Más
grandes y más pequeños, pero con viviendas continuamente a ambos lados y montón de ajetreo de gente en la carretera.
El camino empinado va bordeando el valle de Rosas, la
primera fisura verde entre la monotonía de tierra. Un buen sitio para pasar la
noche es Boutaghrart (Bou Tharar) ya que desde allí parte la pista por la que
surcar el desierto hacia el Valle del Dades.
Es una casa rural alojada en una vieja Kasbah. Solo está
arreglada la zona de huéspedes. Es de adobe, rústica y bonita. No se puede
esperar grandes lujos. Es como una casa de pueblo de los abuelos con agua
caliente (templada) y baño en al habitación. La zona común para cenar y
desayunar es acogedora y la comida muy buena. Tiene un par de pisos y una torre, todo ello con corredores
al patio central. Vives con la familia que la lleva. Muy educados y muy
tranquilo todo. Nosotros estuvimos solos en la casa. Es difícil de encontrar y el pueblo no tiene nada más.
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